Lección de la globalización: la marcha del cangrejo

La globalización, que generó un aumento inusitado del bienestar mundial, también presentó ramificaciones insospechadas ante las cuales ningún país estuvo suficientemente preparado.

Hay tres libertades centrales a la globalización: el libre flujo de bienes y servicios, el libre flujo de capitales y el libre flujo de mano de obra. Sobre la primera Alemán comentó: “La ineludible apertura a las importaciones ha provocado perdedores, empresas y obreros incapaces de competir, y potenciales ganadores, los que encontraron nichos donde podían destacarse”.

Aunque la libre movilidad de trabajadores solo se concretó en la zona Schengen, Alemán advirtió sobre la competencia de salarios: “La consecuencia es inocultable: en un mundo globalizado la economía social de mercado peligra seriamente en los países desarrollados”.

Estos fenómenos están creando reacciones que pudieran engullir a la gallina de los huevos de oro. Los flujos libres de bienes y servicios generan déficits y vulnerabilidades en países líderes mientras los flujos de capitales han creado desinversión. El discurso de retornar los capitales ganó votos críticos para Trump, quien cumplió con su rebaja de impuestos generando un regreso de capitales que impulsó el crecimiento de Estados Unidos, pero redujo empleos y exportaciones de países en desarrollo.

Ante este escenario asistimos al recrudecimiento de todas las polarizaciones posibles: el libre flujo migratorio y los compromisos fiscales de la Unión Europea encontraron su primer ‘casualty’ en el BREXIT, con amenazas similares de varios países en las fronteras sur y este de Europa.

También arden acuerdos comerciales a causa de rencillas históricas: Corea del Sur y Japón discuten indemnizaciones de la Segunda Guerra Mundial con represalias comerciales, Hong Kong se autoparalizó por temas legales con China, China y Estados Unidos se contra-imponen tarifas y el yuan se devalúa y la India aisla su región Cashemira por su cercanía religiosa con Pakistán.

En fin, la desglobalización se está globalizando. ¿Implicará esto volver al proteccionismo, a la discriminación, al populismo?

Una gran dificultad: las soluciones globales óptimas no necesariamente coinciden con los máximos nacionales. Alemán también previó esto cuando escribió: “diría que los dirigentes de una sociedad se dividen entre quienes creen en la bondad de la globalización y quienes defienden ideales e intereses nacionales” . Ambos buscan el bien nacional, pero fue la globalización la que permitió aumentar el tamaño del pastel.

Importantemente, uno de los efectos derivados de la prosperidad globalizadora era la paz. Al promover la cooperación y el crecimiento, todas las partes tenían intereses cruzados en el bienestar ajeno.

El reto actual consiste en no convertir amenazas al interés nacional en conveniencias contraproducentes, mucho menos en eslóganes políticos cortoplacistas. Promover lo propio pudiera requerir condicionar algunos flujos de bienes, servicios y capitales a consideraciones de empleo y seguridad nacional. Esto generará nuevos perjudicados, pero es importante no confundir correcciones a excesos globalizadores con la destrucción del objetivo central. La globalización ha rendido frutos económicos y sociales impresionantes y algunas lecciones importantes deben quedar de su ejercicio para ser aplicadas en la, aparentemente, inevitable marcha atrás. Procedamos con cautela perspicaz, pues la desglobalización pudiera resultar más inhumana que la globalización.

Por: Ellen Pérez Ducy 

Fuente: Hoy

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